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 SEGUNDA ERA Batalla especial El libro misterioso de los elfos; Asalto desde el Mar. (Elfos VS Enanos)

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Goodkat


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MensajeTema: SEGUNDA ERA Batalla especial El libro misterioso de los elfos; Asalto desde el Mar. (Elfos VS Enanos)   Mar Jul 22, 2014 2:51 am

Para leer este trasfondo te recomiendo haber leído antes el trasfondo “La batalla de la colina” pues te servirá de ayuda para entender lo que acontece en el trasfondo de esta batalla, pues aunque son batallas especiales separadas y distintas el trasfondo es común para ambas.
El libro misterioso de los elfos: El asalto desde el mar.
Después de haber derrotado a los enanos en la batalla de la colina y haber levantado el campamento, en la todavía región sin dueño al sur de Bak´Tsaroth, el general elfo Enarel marchaba con su ejército hacía el norte cruzando así territorio enano hasta llegar al mar donde había anclado su flota que los llevaría de nuevo a casa. A su paso y ante la necesidad de abastecer de alimentos y provisiones a sus hombres, el general Ashur fue saqueando toda aldea o ciudad que se encontraba a su paso hasta llegar a la playa donde embarcarían rumbo a Daargard, hogar y reino de Elessarth rey de los altos elfos. Cada día hasta llegar a la playa, el ejército de Enarel se fue reponiendo en fuerzas y los valerosos leones de Cracia, debido a la ferocidad con la que combatieron contra los enanos, desarrollaron odio hacia los mismos. Tan alta era la autoestima del ejército que cruzaron territorio enano sin miedo a que otro ejército de tan dura casta como los enanos pudiera hacerles frente, no tenían miedo de nada ni de nadie. Tras varias semanas de marcha por fin llegaron a la playa para embarcar. Al llegar a la playa Enarel observó que junto a su flota se encontraba anclado un navío ligero elfo con pabellón real, sin duda alguna era un emisario del rey Elfo. Tras haber embarcado su ejército, Enarel fue llamado al navío real pues le esperaba un miembro de la corte. No sabía de qué se trataba pero pronto lo averiguaría. Al llegar al navío, los guardias lo condujeron adentro, a la sala donde le esperaba un miembro de la corte real pero no sabía exactamente de quien se trataba. Al llegar le esperaba un distinguido miembro de la corte real llamado Jilvalial, perteneciente a una de las familias más poderosas y adineradas del reino además de ser Señor de las huestes que vigilaban el fuerte de Thion. Jilvalial le invito a pasar y sentarse junto a él para deleitar apetitoso almuerzo que les habían preparado. Allí Enarel le contó que había cumplido la misión que el rey le había encomendado, adentrarse en los territorios enanos para encontrar la colina y adueñarse de la más valiosa de las reliquias. Además le contó que al llegar a la región lucharon y combatieron contra un ejército de hombres a los cuales derrotaron con facilidad y tras eso optaron por acampar a varios quilómetros de la colina, en la cual días más tarde derrotaron al ejército del príncipe enano Toruk quien logró escapar con la reliquia, el martillo guía, pero perdió todos sus efectivos en ello. Jilvalial tras oír esto estalló de júbilo y felicitó efusivamente a Enarel tras conseguir sendas victorias y hacerse con la reliquia más valiosa de los enanos. Sin duda alguna la misión había resultado ser todo un éxito y más si los enanos eran derrotados. Tras la felicitación y preguntarle por detalles de ambas batallas, Jilvalial le comentó a Enarel que el rey estaba obsesionado en conseguir cualquier reliquia del viejo mundo para conseguir más poder para los elfos y cuanta más antigüedad tuviese la reliquia más codiciada era por el rey. Al parecer los espías y exploradores elfos habían informado al rey de que en el inexplorado continente de Entharot había al parecer  una ciudad portuaria elfa abandonada y que en ella se encontraba una reliquia de gran poder. El rey consulto con sus eruditos y consejeros y al parecer esta ciudad portuaria elfa abandonada fue construida por los elfos de la primera edad y antaño era custodiada por un noble elfo que vigilaba dicha reliquia. Con el paso de los siglos dicha ciudad quedó sin custodia y sin población debido a guerras de desgaste con otras razas aunque la reliquia según cuentan permanece aún allí.
Jilvalial le entrego una carta con sello real a Enarel en la cual el rey le ordenaba dirigirse a dicha ciudad, encontrar tal reliquia y presentarla ante él. Como recompensa el rey prometía a Enarel ascender entre los comandantes y darle sitio dentro de la corte. Enarel sin duda acepto la misión, despidiéndose de Jilvalial dándole las gracias por todo. Éste le deseo suerte en la misión y le dijo que le transmitiría al rey su aceptación de llevar a cabo tan arriesgada misión.
Tras varias semanas navegando por fin divisaron tierra. Jilvilial le había proporcionado a Enarel las coordenadas exactas donde se decía que estaba la ciudad y así fue como la encontró sin suponerle problema alguno. Llegaron por fin al puerto pero se dieron cuenta rápidamente que no podían atracar sus naves en los muelles pues había restos de antiguos barcos élficos parcialmente hundidos y por tanto el atracar allí podía suponer peligro para las naves así que fondearon en la costa y desembarcaron en tierra a golpe de remo. Cuando todo el ejército hubo desembarcado era demasiado tarde y estaba anocheciendo, el ejército estaba cansado y necesitaba reponer fuerzas, así que ordeno montar campamento para pasar la noche. Al día siguiente Enarel y sus fuerzas se adentraron en la vasta ciudad en ruinas para encontrar la reliquia la cual era un libro que hacía milenios que no se abría. Las tapas lucían selladas por grandes membretes de hierro meteórico. Lo que escondía este libro misterioso de los elfos nadie lo sabía pero Enarel pondría todo su empeño en hacer que su rey lo descubriese. Tras varias horas andando encontraron una antigua torre de hechicería que a pesar de los siglos seguía intacta. Era como si una especie de aura mágica envolviera el edificio. Enarel entro en aquella vieja torre mientras el ejército esperaba el regreso de su general. Después de un buen rato salió del edificio sin nada, no había encontrado el libro, la información que le habían dado era errónea aunque se negó a no encontrarlo y comenzó con su ejército a seguir marchando por la gran ciudad hasta dar con el. Habían dejado atrás la torre cuando de repente sonaron disparos de artillería desde la costa y sin duda eran los cañones élficos los que disparaban. Enarel alertó a sus hombres y el ejército elfo rápidamente se dio rápidamente la vuelta para dirigirse velozmente a la costa para ver de qué se trataba cuando vieron algo que no se esperaban, algo que les dejo paralizados. Un ejército enano marchaba detrás de ellos y habían tomado posiciones en la torre de hechicería que ellos habían dejado atrás hace escasos minutos. Los enanos los habían seguido desde Bak´ Tsaroth con una flota y habían conseguido llegar allí sin que fuesen detectados y no solo eso sino que además al desembarcar habían capturado los barcos elfos de gran artillería fondeados en la costa para apoyarlos en la batalla. El ejército elfo había sido sorprendido y Enarel no se había dado cuenta de la presencia de los tapones detrás de ellos, todo aquello lo había desconcertado y sorprendido.
Sin más dilación los enanos habiendo tomado posiciones y situado su ejército, menos numeroso que los elfos, comenzaron a disparar todas sus armas de proyectiles. En lo alto de la torre habían colocado una catapulta enana que bombardeaba a los elfos sin piedad alguna aplastando cabezas y reventando cuerpos como si de avellanas se tratasen y desde allí avisaban a los barcos elfos capturados por ellos para abrir fuego de artillería contra los sucios y altaneros elfos. Sin duda la emboscada había sorprendido a los elfos. Enarel dio rápidamente orden a su ejército de marchar hacia delante sin ninguna piedad ante los odiosos enanos, pues no era momento de hacer muchas estrategias, tan solo era momento de acabar con los enanos. Envalentonados por las victorias cosechadas anteriormente, los elfos marchaban contra los enanos los cuales se mantenían estáticos y soltaban una y otra vez flechas de ballestas las cuales mermaban a carros e infantería por igual. La catapulta enana era una verdadera máquina de muerte la cual seguía una y otra vez dando en el blanco y espachurrando y destripando elfos a doquier mientras los ashur, inspirados por su general y sus estandartes, vencían una y otra vez el pánico causado por las muchas bajas sufridas a disparos. Los cañones de artillería capturados por los enanos desde los barcos élficos fallaban todos los disparos pues era difícil acertar desde tanta distancia lo que enfurecía al general enano cuya identidad aún era desconocida. Enarel ordenó cargar con sus tres carros a una unidad de ballesteros enanos los cuales eran muy numerosos. De los tres, uno de ellos cayó abatido por los disparos de los enanos como reacción a la carga mientras los otros dos llegaron al combate pero no causaron el efecto destructivo de otras veces al llegar. Aún así lograron causar importantes bajas en los enanos los cuales en el combate eliminaron a otro carro y llegaron a reponerse aguantado estoicamente. Por el otro flanco los temidos guardianes del fénix cargaron contra una unidad enana nunca vista antes, los dracohierros, enanos blindados en metal con cañones que escupían fuego. Éstos habían estado disparando a los nuevos y repuestos príncipes dragoneros de caledor sin caer en la cuenta que son casi ignífugos, lo cual causo ciertas risas entre los elfos. Por otra parte lanceros y los príncipes dragoneros cargaron contra otra unidad de ballesteros pero la carga no fue fructífera. Los príncipes se precipitaron al cargar y se cansaron antes de tiempo además de las importantes bajas que sufrieron en la carga cuando los ballesteros enanos concentraron en ellos todos sus disparos mientras que los lanceros elfos llenos de coraje pero aún así muy mermados por cuantiosos disparos enanos llegaron muy debilitados al combate. Enarel le gritó a su hechicero que convocara la magia del vórtice mágico pero nada salió como esperaba, los vientos no le eran favorables y para cuando podía, el hechizo era dispersado con poder rúnico de los herreros enanos. Los virotes elfos lanzaban andanadas y virotes a doquier y casi hacen que el girocoptero se estrellase, pero no lo consiguieron finalmente. Éste estaba poco a poco mermando a la caballería ligera elfa, arrojando fuego sobre sus cabezas una y otra vez. La batalla estaba complicada, Enarel se estaba dando cuenta que tenía que llegar con su unidad, los temidos leones de cracia, al combate pues su ejército parecía no causar estragos severos a las filas enanas que aguantaban las cargas de sus tropas. Marchó ligeramente hacía la unidad del general enano, pues era consciente que si derrotaba a esa unidad ganaría la batalla. De repente los enanos habían acabado con todos sus carros, matando a las bestias de tiro y descuartizando a sus tripulantes. Ahora eran los tapones quienes degollaban a los elfos sin piedad. Por el otro flanco los lanceros no aguantaron mucho más y huyeron del combate pero los enanos, llenos de odio, los alcanzaron recorriendo gran distancia detrás de ellos y saliendo del campo de visión casi del resto del ejército elfo. Tan solo los del fénix, trabados en cruenta batalla sin cuartel con los dracohierros, lograron que estos se retirasen del combate y huyesen del campo de batalla lo que hizo que los del fénix se marchasen del campo de batalla intentando atraparlos pero fue en vano. La caballería ligera elfa acabó ardiendo bajo las llamas del girocoptero siendo todos quemados vivos mientras los enanos ballesteros victoriosos seguían mermando a disparos a los leones de cracia junto con toda su artillería y los cañones de los barcos capturados. Con pocas unidades en el campo de batalla y siendo acribillados a disparos, Enarel decide hacer un ataque relámpago con todas sus fuerzas a los martilladores enanos, así pues cargo por el flanco el campeón de los príncipes, heraldo de los mejores guerreros donde los haya, y por el frente cargaron los leones de cracia desde donde Enarel comandaba el ejército ayudado por una unidad de lanceros elfos que fue a ayudarlos.
En la lejanía los guardianes del fénix habían vuelto al combate pero estaban muy lejos para ayudar además de muy mermados también, pues la batalla con los dracohierros los dejaron casi extenuados.
La batalla contra los martilladores fue la batalla más cruenta de todas. Los elfos haciendo de nuevo alarde de su habilidad innata de destreza marcial combatieron todos los posibles pues la disciplina en el combate hace que los elfos sean letales. De nuevo las hachas chocaban contra los martillos pero esta vez los leones que llegaron vivos al combate eran muchos menos que de costumbre. Los enanos los habían mermado mucho con disparos haciendo que muchos de ellos cayesen muertos mientras marchaban al combate. A pesar del significante número de bajas que los elfos lograron hacer, no fue suficiente. Los martilladores enanos eran más letales que antaño y consiguieron aumentar el número de bajas de los elfos. Mientras las cabezas, brazos, y vísceras se desparramaban tiñendo el suelo de sangre en este monumental encuentro, los enanos seguían disparando mermando aún más si cabe a las ya casi inexistentes unidades del ejército de Enarel que parecía desvanecerse a medida que transcurría la batalla. Tras estar gran rato combatiendo con los martilladores enanos, las bajas sufridas pesaban mucho y los elfos estaban siendo completamente diezmados por las fuerzas de los hijos de Grungni. Enarel no vio otra salida que escapar de aquel infierno pues sabía que si seguía combatiendo acabarían siendo apresados o masacrados por los enanos, lo mejor era huir. Los martilladores abatieron al único príncipe que quedaba, a su campeón, y los leones eran presa del miedo pues el ejército elfo había sido derrotado, solamente les tocaba huir y esta vez la tozudez de los leones no fue lo bastante buena como para hacer que los leones de cracia se repusieran de la masacre de la cual estaban siendo víctimas. El general ashur ordeno a sus lanceros seguir en el combate contra los martilladores mientras él huía con los leones de cracia supervivientes. Comenzaron a correr campo a través cuando una unidad de enanos, corriendo de forma visceral y con sed de venganza, les pillaron echándoles el guante y aniquilando a los leones supervivientes, apresando a Enarel. Entonces el resto del mermado ejército elfo, siendo testigos de semejante carnicería, huyó despavorido dispersándose en la bruma del lugar los pocos supervivientes del ejército elfo. Los enanos habían logrado hacerse con la victoria. Enarel le ordeno a sus captores que le llevasen ante su comandante y así lo hicieron. Cuando estuvo frente a él cual fue su sorpresa, era el príncipe Toruk. Éste le enseño a Enarel la reliquia preguntándole si era esto lo que andaba buscando, el libro ancestral de los elfos había caído en mano de los enanos. Como prometió, el príncipe Toruk no olvido el agravio cometido y alzando su gran martillo, lo blandió fuertemente sobre Enarel al cual le reventó la cabeza desparramando sus sesos tras lo cual todo el ejército enano comenzó a vitorear a su comandante y a gritar de júbilo por la victoria obtenida frente a los ashur.
Toruk mando llamar a su nuevo ejército. Tras inspeccionar la zona, y poner cargas de detonación a los bajeles elfos, los enanos comandados por Toruk volvieron al puerto donde quemaron las naves élficas y ahorcaron a todos los elfos capturados. Montaron en sus naves y volvieron a Bak ´Tsaroth, al reino de los enanos donde por fin el príncipe Toruk celebró la ansiada victoria frente al ancestral enemigo además de saldar una deuda en el libro de los agravios y hablando de libros, los enanos por fin descubrieron el misterio del libro élfico o eso pensaban. Justo  antes de desembarcar en sus costas un pequeño bote salió de los navíos enanos, las orejas puntiagudas de los elfos asían con fuerza los remos y sobre el regazo, El libro.

Escrita por Thorgrim
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