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 SEGUNDA ERA Batalla especial El fuego de Asuryan: La gruta del fuego

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Goodkat


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MensajeTema: SEGUNDA ERA Batalla especial El fuego de Asuryan: La gruta del fuego   Vie Jun 13, 2014 7:50 am

En busca del Fuego de Asuryan

El yermo de Miriadón fue el escenario donde los elfos perdieron el fuego. Donde la gran batalla se celebró y donde el bien, muy probablemente decidió abandonar las Otras Tierras y volver a sus respectivos hogares. Sobre el grandes reliquias quedaron olvidadas y con el paso de los años otras tantas fueron escondidas e incluso invocadas.
Los antiguos textos de la biblioteca de “la bestia de los mares” hicieron ver al Imrik que el fuego de Asuryan se perdió en aquella “batalla de las diez mil espadas” en el último intento por ganar al mal. No dejan claro dichos textos si la batalla la ganó el bien o el mal ya que el resto de pasajes hablan del pesar y la melancolía que vinieron después. De cómo poco a poco todos los seres de las Otras Tierras partieron rumbo a sus hogares más primigenios y como los Elfos esperaron a que no quedara resto de las razas con las que simpatizaban para recoger sus armas y partir hacia Ulthuan. Pero ahora habían vuelto para restaur la antigua gloria y necesitaban tener a Asuryan de su parte y devolver el Fuego al lugar que le correspondía en la Bestia de los Mares.
La expedición que cruzo los pantanos y marismas de la locura del Yermo de Miriadón estaba encabezada por Elessarth al mando de un grupo de valientes elfos. Quizás los  más valientes que quedaban después del éxodo que había ocurrido, de la expulsión de los elfos oscuros. Imrik se había vuelto más férreo en el control de los cultos a Khaine y a los dioses del caos y cada día mandaba a colgar de una pica a cualquier elfo oscuro que hubiera en sus tierras o simpatizante de los mismos. Elessarth se alegraba de haber sido elegido para esta misión así podría olvidar un poco lo que estaba ocurriendo en su reino y sus castillos.
El archimago elfo encontró el lugar donde los vientos de la magia eran mas poderosos y la llama de Asuryan gritaba en su mente. Le costó varios días de lluvia y locura en los cuales parte del ejército se habían asesinado los unos a los otros debido a las fiebres que les hacían ver alucinaciones. El lugar estaba maldito y como no encontraran rápido el lugar Elessarth acabaría con la misión y volvería a informar a Imrik. Había sido un error venir al yermo. Las fuerzas psíquicas y los vientos de la magia funcionaban de una manera tan caótica que el propio mago fue presa de varias disfunciones mágicas sin hacer ni un solo hechizo y la brújula interior para encontrar el fuego se volvía loca cada dos por tres guiándolos a lugares cada cual peor.
Parecía el lugar adecuado los árboles retorcidos y mutados como en el resto del Yermo yacían calcinados y negros por un fuego que una vez estuvo allí. El rastro de piromancia llegaba hasta una cueva natural excavada por la propia deflagración que el fuego tuvo antaño. Allí dentro estaba, se podía hasta oler.
Comenzaron a andar con las lanzas en ristre preparados por su algún horror salía de las aguas fangosas que les llegaba a la cintura pero no fue de las profundidades de donde llegó el enemigo.

Vashnaar el torturador, gran general del Caos, había vuelto a tener las visiones de sus Dioses sobre como construir un ejercito de inmortales guerreros y la divina providencia lo había guiado hasta allí. Cierto es que gran parte de sus bárbaros habían servido de carroña para el yermo de miriadón que día tras día se había alimentado de ellos pero los guerreros de negra armadura estaban intactos y su general Dánassor el Inmortal capitaneaba aquel contingente montado en su disco volador sin ni siquiera mancharse de fango.
Las espadas no tardaron en hacer saltar chispas y por el yermo una vez más volvio a correr la sangre de la batalla, hambriento la aceptó.

Venían a por él- pensó el guardián del fuego-Nos robarán el fuego.
Aquel  ser anteriormente fue uno de los supervivientes a la batalla del yermo de Miriadon el fuego lo había encontrado y lo había engatusado de tal manera para que lo protegiera y evitara que se acabara. Asuryan era un Dios de los elfos pero sabía proteger su fuego de la manera que pudiese. Le había dado la inmortalidad a aquel humano aunque los poderes del pantano hicieron el resto transformado a aquel horrendo ser en un nigromante. Asuryan había notado la presencia de los elfos, sabia que era buscado por el caos pero debida impedir que lo consiguieran. Sin embargo los elfos, con ellos volvería a su lugar correspondiente, al altar de La Bestia de Los Mares.
El nigromante escuchó el entrechocar de las armas y pudo ver como los poderes del caos arrasaban con los poderosos lanzavirotes élficos mientras los generales daban órdenes de un lado a otro. Las huestes caían al fango, sin respirar, hundiéndose para siempre.
El guardián del fuego debía protegerlo, a veces el fuego le hablaba, en sueños le decía que debía evitar que cayera en malas manos. Pero, ¿Cuáles eran las buenas y cuales las malas?. Con el tiempo que había pasado todo lo que estuviera fuera de la cueva era el enemigo así que comenzó a levantar a los tumularios de la gruta mientras fuera la batalla encarnizada se sucedía.
Cuando lo que quedaba de los dos ejércitos alcanzaron la cueva llenos de fango y sangre hasta las cejas el nigromante siguió levantando muertos, era el momento que había estado esperando todo aquel tiempo.
Dánassor el inmortal mandó a sus tropas a aniquilar a la hueste no muerta mientras corrió por la gruta a despedazar elfos.
Elessarth admiro el olor del fuego, el calor de los dioses y pudo verlo al final de la gruta, viendo pasar el tiempo, tras siglos y siglos aún brillaba. Mientras los ejércitos luchaban el corrió seguido de cerca por el señor del caos. Pasaron a través de las huestes inmortales de no muertos despedazándolos a todos, el elfo de manera grácil les cercenaba las cabezas, Dánassor con el puño les partía los esternones.
Juntos llegaron al fuego y juntos lucharon mientras el nigromante perecía a manos de la hueste del caos. Los elfos no hacían sino caer a pesar de la maestría de sus tácticas y aunque los muertos habían causado estragos en las líneas del caos también cayeron junto al Guardián.
El fuego le susurraba a Elessarth y se abrió para el; dándole un poco de sí. Una cálida brasa que el elfo guardó bajo sus ropajes justo cuando la espada de Dánassor, una vez más lo vencía en la batalla. El elfo de nuevo cayó.

La cueva quedó vacía y oscura, El señor del Caos apodado el Inmortal y sus huestes se llevaron el fuego dejando tras de sí un reguero de cadáveres, antes de partir arrancó un colgante de aquel viejo nigromante que ahora solo era huesos y piel seca, su señor estaría orgulloso. Serviría la llama al poderoso Vashnaar y aquel colgante tal vez a el personalmente. Elessarth continuaba con vida, herido pero con vida, aquella brasa lo había protegido y se la llevaría a su señor Imrik y cuando todo el mundo se hubo ido y solo quedaban cadáveres una sombra aterrizó. Nathaniel se tornó corpóreo; aquel cuerpo del guardián del fuego le serviría para sus oscuros propósitos y con ese pensamiento cargó con el hasta el castillo.
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