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 SEGUNDA ERA De cómo la Expedición de Poniente llegó al Banco de Piedra

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Goodkat


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MensajeTema: SEGUNDA ERA De cómo la Expedición de Poniente llegó al Banco de Piedra   Jue Jun 12, 2014 1:54 am

AQUI OS DEJO UN POCO DE TRASFONDO DE LO QUE OCURRIÓ MUCHO ANTES DE LA VENIDA DE VUESTROS EJÉRCITOS AL MUNDO DE LAS OTRAS TIERRAS Y CON EL POCO A POCO IREIS DESCIFRANDO EN QUE LUGAR ESTÁIS Y QUE PASÓ ANTES.

De cómo la Expedición de Poniente llegó al Banco de Piedra

Cuando la expedición de Poniente llegó con sus embarcaciones al mar de los cráneos lo primero que pudieron vislumbrar fue aquel parco islote moldeado por las olas. En aquella fría piedra llena de escolleras y rocas afiladas como navajas albergaba en su parte más alta una estructura en forma de castillo. La arquitectura del mismo era austera en sus paredes lisas, imposibles de escalar mientras que los brocados de las puertas, ventanas y balconeras eran góticas y muy recargadas. Aquel material de construcción parecían grandes bloques de piedra arenosa pero debía estar recubierto de alguna mágica arcana para perdurar al oleaje que furioso atenazaba todo el castillo. Ninguno sabía datar la antigüedad de aquel lugar pero parecía que desde le principio de los tiempos aquella construcción ya estaba allí. Amarraron los navíos en las escolleras cercanas y con el material que traían y aperos de labranza para cultivar donde pudieran ascendieron por el islote. Escalaron por la piedra que se lo permitía pero una vez llegaron a la construcción en forma de castillo ninguno de sus ingenios se consiguió clavar en la piedra lisa, así que las halconeras quedaron inaccesibles para ellos. Lo único a la mano y por tanto única entrada al oscuro y frío lugar era una puerta tan grande que parecía construida para un titán. Gracias a la divina providencia de los dioses la puerta les esperaba entreabierta saliendo a través de ella un hedor antiguo que el mundo apenas conocía y proyectando una sombra que alcanzaba incluso a las embarcaciones de allí abajo, donde ellos habían venido.

Los capitanes que allí entraron tragaron saliva; la mayoría piratas, renegados y exconvictos sintieron el miedo como pocas veces lo habían sentido. Esa sensación de incertidumbre de andar metiéndote en la boca del lobo, en un mal antiguo como las estrellas.
Dentro olía a mar y a brea, una mezcla algo extraña. Con antorchas y alguna magia que iluminaba la variopinta expedición de elfos, enanos y humanos, caminaron por los grandes salones presas de la quietud y el silencio sepulcral.
Todas las estancias por las que pasaban eran altas como las minas enanas y tenían ídolos gigantescos de piedra de soldados con armaduras y tubos. Yelmos que cubrían toda la cara y en lugar de espadas llevaban arcabuces extraños donde no se veía la mecha ni el hueco para meter la pólvora. Algunos llevaban en sus hombreras el símbolo de una Omega. Posiblemente fueran los ángeles que vinieran de las estrellas a gobernarlos.
Había en aquella expedición una pareja prohibida, un elfo y una humana que, al adentrarse más en la oscuridad en vez de, como el resto, asir sus armas bien fuerte para en cualquier momento desenfundar lo que hicieron fue tomarse la mano con toda la fuerza de la que eran capaces.
Los salones se sucedían en la trémula oscuridad del lugar de fría piedra y guiados por el olor y la manera de orientarse de los enanos llegaron al corazón de la estructura, pasando de largo muchas salas que sin duda, aquel día no les revelaron los secretos.
La estancia estaba guardada por una gigantesca puerta que hacía empequeñecer al hombre más alto del lugar, cerrada tan fuertemente que hacía enmudecer al mas fuerte de los enanos y ensamblada con una magia tan poderosa que el mas ingenioso de los elfos se devanaría los sesos durante siglos intentando comprender el mecanismo y los materiales de construcción. Sobre ella brocado al rojo blanco una figura gigantesca de un águila bicéfala con las ala abiertas del tamaño de un ave fénix de Ulthuan mutada por el caos.
Bajo ella un cadáver, los restos de os posibles habitantes de aquel mundo o quizás era solo un saqueador como otro cualquiera muerto hace muchos siglos. Aquel ser estaba completamente momificado y poco se podía saber de su procedencia o de la raza que había sido alguna vez. Una estructura de hueso y metal se habían fundido en una argamasa orgánica bastante extraña. Los elfos en seguida quisieron guardar aquel espécimen e hicieron los preparativos para llevárselo. Horas más tarde en alguno de los navíos de los Asur aquella cosa yacía protegida lo bautizaron como “El Primero”. Más tarde intentaron abrir aquella puerta de todas las maneras posibles pero nada se pudo hacer y cuando por fin se limitaban a abandonar el lugar y seguir sus exploraciones por aquel nuevo mundo la puerta chirrió y un humo cerrado y condensado como el aire de milenios salió entre las medias hojas del pórtico. Cayeron cuatro humanos encargados de vigilar la retaguardia presas de los infecciosos gases y la piel se le descompuso rápidamente entre gritos y llantos. La expedición desenfundó las armas y presa de la vena aventurera se adentraron en aquel salón que mas tarde seria conocido como “el salón de los dioses”.
Aquel sitio era una sala circular bastante grande con ataúdes en toda la circunferencia pegados a la pared. De dichos ataúdes salían unas estructuras tubulares que se unían en el centro en una gran mesa de metal.
Nada más entrar en aquella sala algún complejo mecanismo se activó y las voces de los Dioses Muertos sonaron en todo el salón como si aún estuvieran allí hablándoles a ellos.
Les hablaron de las estrellas; de cómo llegaron a las Otras Tierras y…de cosas que ninguno quiso entender o aun así revelar fuera de aquella estancia.
Las tumbas de los Ángeles estaban cubiertas de un líquido azul lapislázuli y en él las caras de seres humanos, jóvenes se mantenían con le tiempo. Los elfos sintieron un profundo rencor al averiguar que ninguna criatura élfica residía en el lugar pero aún con ese profundo sentimiento; no lo demostraron. Los enanos simplemente pensaron que toda aquella obra de artilugios era obra de ellos y sonrieron al ver el fruto de su trabajo.
Lo curioso de todo fue que a pesar de haber diez tumbas la última estaba abierta y nadie residía en su interior. ¿Sería “El Primero” quien se negara a morir? Todo estaba envuelto en un misterio.
EL tiempo que la expedición se estableció en aquel castillo pudieron ser semanas y mientras el sol pasaba por los más altos picos y las olas moldeaban la estructura de piedra donde se asentaban los enanos descubrieron “el orbe”. Bajo la mesa había escondida una estructura esférica que contenía toda la información de aquellos Ángeles. Fueron los enanos los que consiguieron hacerla funcionar y aunque las voces de los muertos de la sala lo llamaban “motor de traslación espacio-tiempo interdimensional” ellos simplemente lo llamaron “el orbe” con él los cartógrafos elfos hicieron un mapa completo de las Otras Tierras, ya que la esfera disponía de toda esa información. Hicieron los humanos también mapas de las estrellas para no perderse en las noches más oscuras y descubrieron sobre aquel frío espectro de luz mágica que salía de la esfera la representación tridimensional de lugares que los aguardaban cobijando dentro de sí tesoros y conocimientos.
La oscuridad se cernió sobre la expedición el día que decidieron abrir uno de los sarcófagos de los Ángeles a golpe de martillo, rompiendo el fino cristal manchando de aquel fluido azul a los allí presentes y con el solo roce curando las heridas y magulladuras de estos. Ese líquido parecía ser la misma magia en forma de fluido y se perdió por las rejillas del suelo del “Salón de los Ángeles” y con aquella acción despertaron al guardián de aquella sala funeraria. La criatura sería bautizada posteriormente como IA, el demonio-máquina, debido a las siglas que tenía en las hombreras. Mitad demonio del caos, con remanencias humanas y quistes fibrosos y mitad acero y engranajes. Aquel ser medía en torno a tres metros y medio, cubierto a parchas por una coraza propia de las armaduras del caos y en las partes expuestas podía verse como la misma piel de los demonios de los desiertos del caos pugnaba por salir. Sus ojos iluminaban la sala buscando al resto de componentes de la expedición y contra aquello los sentidos psíquicos de los elfos y los magos humanos estallaron en tremendos dolores que les impedían siquiera pensar. Había llegado el momento de huir y por recorrieron los pasillos raudos mientras les pisaba los talones la descomunal criatura. Lo último que vieron antes de salir de aquel castillo fue como las puertas, anteriormente entreabiertas comenzaban a cerrarse con ruido metálico y como solo parte de la expedición pudo escapar mientras tres integrantes más quedaron encerrados tras las puertas y una cuarta asía fuertemente a un elfo de la mano, aquel elfo fijo su mirada en los compañeros que yacían fuera y justo antes de cerrarse las puertas volvió a entrar quedándose voluntariamente con su amada confinado en el castillo de aquel demonio.
A veces el precio por la curiosidad es la muerte, y eso mismo pensaron mientras levaban anclas los supervivientes de aquella pequeña aventura. Las Otras Tierras los esperaban debían continuar a pesar de su pena y llorando partieron.

Años después las puertas del castillo volvieron a abrirse y de él salieron los recaudadores. El banco de piedra había comenzado su mandato. ¿Qué ocurrió allí dentro durante esos años? Solo los que encerrados quedaron lo saben.
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Vashnaar el Torturador


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MensajeTema: Re: SEGUNDA ERA De cómo la Expedición de Poniente llegó al Banco de Piedra   Jue Jun 12, 2014 5:53 am

Buenisimo, sin duda he visitado el Castillo, great job
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