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 SEGUNDA ERA Trasfondo Primavera Segundo Año.

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Goodkat


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MensajeTema: SEGUNDA ERA Trasfondo Primavera Segundo Año.   Miér Mar 12, 2014 8:18 am

Primavera Segundo Año

Enanos

A Turek se le había pasado el largo invierno como si hubiera ido montando en pony; que para un enano es, muy rápido. Durante los meses de frío estuvo intentando reclutar a los enanos existentes en las Otras Tierras. Sellando alianzas con las tribus de los barbaslargas y martilladores del lugar. Cierto es que las tres grandes fortalezas-minas enanas yacían inexpugnables aun y con las puertas bien cerradas, pero era cuestión de tiempo y el joven rey enano lo sabía.
Por otro lado los grandes herreros rúnicos se esforzaron en buscar y renovar las grandes runas de sus familias y castas dispuestas para la batalla haciéndoles magias poderosas y los, grandes metalúrgicos y forjadores, crearon un nuevo tipo de armas y con ella entrenaron a unidades de enanos bajo Karaz-bastión bautizándolas así con un nombre que aún solo se escucha en las partes más subterráneas de las fraguas enanas y túneles de entrenamiento; los dracohierros. Al llegar la primavera se estaba trabajando en un nuevo prototipo de girocoptero, una nueva táctica de defensa de formación en escudo y una nueva forma de atacar corriendo hacia el enemigo, algo nunca visto en esta raza y en la cual el señor enano confiaba, guerreros ágiles y rápidos. Turek, la mayoría del tiempo, leía los antiguos libros de agravios que su padre le entregó antes de partir a las Otras Tierras y cuanto más leía mas se fraguaba en el y todo su ejército el odio hacia los comandantes, héroes y ejércitos enteros enemigos. Las puertas de Karaz-Bastión aún permanecían cerradas.

Orcos

Thaukrek miraba como los goblins se hundían una y otra vez en el mar. A pesar de darle materiales que por sí solos flotaban el peso de las huestes pielesverdes hundía cualquiera rudimentaria embarcación que eran capaces de construir. El kaudillo orco quería gobernar allende los mares y para ello necesitaba de conocimientos para poder atravesarlos.
Una fría mano se acercó al hombro del general orco, este se dio la vuelta y automáticamente con su rebanadora en alto atacó como tantas otras veces había hecho pero aquella figura de negros ropajes y encapuchada con solo dos dedos frenó la trayectoria de tan portentosa arma y susurró a la bestia verde entre las sombras los secretos de flotación de las embarcaciones y cuando el orco lo hubo comprendido le entregó un pergamino de su amo y señor vampiro Nathaniel.
El lenguaje maldito en el que estaba escrito hacía posible leerlo solo a su portador y Thaukrek pudo ver como su compañero de alianza necesitaba ayuda para reconquistar una mina, ahora en poder de los altos elfos. La guerra era su vida y mientras los goblins se ahogaban en el agua y las flores renacían en la primavera el kaudillo hizo soñar el cuerno de batalla.

Skaven

Skivt "Corte Fugaz" estaba contento. Su ejército, por cada día que pasaba, adquiría mas fuerza. Las ratas parían con facilidad más y más esclavos y los enemigos de otras razas que se acercaban demasiado a ellos en su despiste eran transformados en más ratas con su decimotercer hechizo. Los ingenieros brujos ponían a puntos armas como el lanzallamas y mortíferas aberraciones tales como la rueda de la muerte un poderoso carro skaven capaz de realizar incursiones sorpresa y destruir con su rayo todo lo que estuviera a su alcance. Mientras todo esto ocurría Skivt "Corte Fugaz" miraba hacia la nueva campana recién pulida. Soñando con el tañer de la misma la sonrisa se dibujaba en su cola que no paraba de realizar giros de un lado a otro. Cogió una piedra bruja y se la comió rápidamente. Había que celebrar que habían conquistado otro territorio cerca de aquella vieja mina que los altos elfos proclamaban como suya y que ocultaba multitud de poder en forma de piedras brujas. Otra batalla se avecinaba en aquellas tierras y no por partes de las ratas. Dejarían que se mataran y cuando todos aquellos hechizos y muerte hubieran cristalizado en aquellas rocas de poder el vidente gris llamaría a todos sus ejércitos a las armas y conquistarían todas esas tierras.
Eran muy numerosos y aunque grandes cantidades de ratas morían por la ira del general siempre había más.


Caos Vashnaar el torturador.

El ya conocido estrecho del Caos había sido cruzado enviando sacrificios a la gran bestia Karmaroth que lo guardaba como castigo durante toda la eternidad. Vashnnar pretendía cambiar esto dentro de pocas lunas y para ellos se esforzaba en conquistar todas las playas colindantes.
La cuestión fue solucionada por el general de manera fácil y cuando por fin Karmaroth agitó las aguas en busca de sus galeones del caos el general de khorne apuntó sus cañones hacia los barcos más pesados y por tanto que iban a la cola de toda su flota. Hábilmente la mayoría de tesoros mortales tales como oro y baratijas del mismo calibre, fruto de conquistas en otros reinos iban en esos barcos. La sangre y el oro aplacaron a la bestia y el sacrificio se hizo carne en el propio Vashnnar cuando el propio animal lo escoltó hasta la otra orilla, vigilando desde lejos sus movimientos. Aquello era el principio, muy pronto entraría dentro de sus fauces a cumplir la voluntad de los dioses del caos.

Vampiros

Nathaniel desde su ataúd organizaba a sus ejércitos a través de la conciencia. Protegido en su cripta nadie podía hacerle daño y el residía tranquilo esperando el momento para levantarse. Aun no era necesario levantar aquella tapa. Las circunstancias se sucedían dentro de los planes del vampiro y aún habiendo perdido aquella mina a manos de los altos elfos confiaba en el tiempo; en el tiempo y en el miedo; en el miedo y en la maldición que sus cadáveres podían desatar en el mundo. Ahora los pielesverdes estaban con el y acudirían a su llamada. Aquella mina corría un peligro terrible y..las nubes comenzaban a arremolinarse en torno a la entrada de la misma. Uno de los magos altos elfos había quedado ciego por las visiones del propio vampiro, que jugando con su mente, lo había dejado lisiado de por vida. El agua de los alrededores se convertía en sangre y el sonido de los tambores orcos se acercaba.


Caos

El señor sin nombre disfrutaba de la calma que precedía a la tormenta. Sus videntes no auguraban nada bueno. Había pasado el invierno atormentado por las visiones del castigo que le aguardaba en las montañas. Las esquivó como había podido y sabía que aun estaba cabreando más a sus dioses. Debía pagar por la victoria que había conseguido de tan indigna manera. Sabía que era su destino y en sueños se le aparecía aquel valle desértico entre montañas áridas y su propia imagen sin armadura a merced de multitud de pielesverdes. En el fondo esperaba que si sobrevivía a aquello los dioses le recompensarían y si no…bueno ya murió una vez.

Elfos

Imrik estaba satisfecho con el trabajo de sus ejércitos. Había costado sudor y sangre pero en aquella mina sus elfos había demostrado la superioridad en combate. La batalla había acabado y el mismo enterró los restos del sagrario mortis bajo la tierra preñada de sangre de elfo. Sentía como la tormenta se avecinaba por aquella mina de nuevo, como los muertos estaban inquietos, las ratas corrían bajo el suelo rápidamente y los tambores de los pielesverdes se escuchaban cada vez más cercanos. Cierto era que, su flotahabía sido destruida y los mares ahora eran dominados por los señores vampiros pero pronto intentaría retornar aquel titulo a los hijos del océano de nuevo. A los elfos que habían visto crecer a los mares y extinguirse.
Pero además de aquello el soberano príncipe de dragones desde el camarote de su barco planeaba la conquista del fuerte Thion, en manos de los orcos. Aquellas indisciplinadas bestias caerían bajo la espada de los maestros elfos y nada podría evitarlo.
Una última preocupación quebraba la grácil cabeza del general elfo; al parecer algunas tropas se estaban sublevando. Habían encontrado en las bodegas de algunos barcos como los altos elfos comenzaban a adorar a Khaine y a algunos dioses del Caos. El castigo no se hizo esperar pero Imrik no estaba tranquilo. No quería que en aquella tierras tuvieran a discípulos de los elfos oscuros y menos ahora. El comandante llevaba noches sin dormir en post del reinado de las Otras Tierras. Se avecinaba un año difícil pero, la espada estaba afilada.
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